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Las técnicas del esmalte translúcido que
Fabergé había aprendido en París y
Florencia llegó a su vida mas tarde,
obteniendo el joyero más de 140 tonos
creados para la realización de dichas
obras de arte. Algunos huevos tenían
mecanismos. Esta costumbre se mantuvo
viva por la casa Fabergé por once años,
hasta la muerte del zar Alejandro III, y
se continuó durante el reinado de su
hijo, el zar Nicolás II. El
huevo de Pascua del Invierno Azul (Blue
Winter Egg), propiedad del Sr. Freddy
Novelo. Comisionado originalmente por
el Zar para su madre Maria Feodorovna, esta pieza
tiene entre una de sus características
el de poseer en su interior un ave fénix
creada en oro de 24 quilates parada sobre una almohadilla
elaborada en lápiz lázuli. Durante una
de sus curadurías se encontraron
escondidos en su interior 1753 zafiros
los cuales se cree que Fabergé
guardó para poder sacarlos de Rusia en
1918.
Sólo seis huevos imperiales y tres semi-
imperiales han salido a subasta desde la
segunda guerra mundial y fueron
memorables todos por los precios que
alcanzaron en su venta.
En febrero del 2004 la famosa colección
de 9 huevos de pascua Fabergé
pertenecientes a la familia Forbes se
vendió al magnate
petrolero ruso Viktor Vekselberg que los
adquirió por más 90 millones de dólares,
meses antes de que la casa Sotheby's los
subastara en la ciudad de Nueva York.
Estas joyas, testigos de la
decadencia de los zares, son ejemplos
últimos de una forma de vida. Pequeños
triunfos del talento empresarial de
Peter Carl Fabergé y del talento
creativo de su taller. Innovación,
exclusividad, y obsesión por el
detalle. Con la Casa Fabergé la
orfebrería abandonó su papel secundario
para entrar en la casa del arte.
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